El perdón está sobrevalorado
February 26th, 2010Muchos terapeutas aconsejan a sus pacientes que para curarse deben perdonar a la persona o personas que en su infancia o en otro momento de su vida le infligieron algún daño. El resultado de este consejo es que en la mayoría de las ocasiones el paciente no se cura porque es incapaz de sentir un perdón verdadero, en la mayoría de los casos lo que siente es pánico al castigo, pánico que vivió en la infancia y que se reproduce en la edad adulta en forma de enfermedad. Cómo cree que si no perdona no se curará ( se lo ha asegurado su terapeuta) hace todo lo posible por sentir amor hacía la persona o personas que le hicieron daño. Obligar a una persona enferma a perdonar a su agresor es cuanto menos sádico. La terapia correcta es conseguir que el paciente no se sienta culpable del daño que le hicieron, eso sí cura, perdonar depende de las circunstancias de los agresores, si éstos están dispuestos a reconocer el error que cometieron y piden disculpas a la víctima, cabe la posibilidad de que el paciente logré el perdón. Pero, desgraciadamente, en la mayoría de los casos, los agresores de nuestra infancia han sido nuestros padres o familiares más cercanos, los cuáles casi nunca reconocen que fueron maltratadores o abusadores, es más, continuan ejerciendo su poder y chantajeando emocionalmente en cuanto la víctima decide hablarles abiertamente de lo que le hicieron.
El nivel de conciencia del ser humano se ha elevado en los últimos años, por lo tanto ha llegado el momento de declarar que ideas arcaicas como la de “honrarás a tu padre y a tu madre”, deben apoyarse única exclusivamente cuando los padres ejerzan de padres, es decir, den a sus hijos todo el amor, el apoyo, la confianza en sí mismos, la libertad de acción y el ambiente necesario para un crecimiento equilibrado.
Desgraciadamente, el 90% de las familias son disfuncionales, es decir, el 90% de las familias maltrata en mayor o menor grado a los niños.
Maltratar no es únicamente pegar, abusar sexualmente de un niño, no atender sus necesidades básicas de alimentación, educación y salud médica. Maltratar es ningunear, es mandar callar, maltratar es gritarle a un niño, llamarle “tonto”, decirle “cállate, tú qué sabrás”, “no debería haberte tenido”, “no haces más que molestar”, “estoy harto/a de ti”. Maltratar es imponer una ideología o creencia religiosa aunque el niño no quiera continuar con ella. Maltratar es pegar un golpe sobre la mesa, es intimidar, asustar. Maltratar es dejar a un niño asustado, sólo en su cama, sin atender su miedo. Maltratar es decir “aquí se hace lo que yo diga” y “mientras vivas en MI casa harás lo que yo te diga”. La última frase viene a significar que la casa en la que el niño vive no es SU casa, es la de sus padres, por lo tanto el niño siente un vacío existencial, su vida no ocupa un lugar físico, dado que sus padres no se lo conceden. Tampoco le conceden un lugar emocional, dado que su opinión carece de importancia y no la toman en serio porque es un “niño”. Éstos y muchos otros ejemplos reflejan el estado actual de una sociedad humillada y dañada durante siglos. Todos los que hemos sufrido maltratos infantiles y hemos llegado a un nivel de conciencia en el que entendemos que el amor que en su día pedimos, nunca nos lo darán, tenemos la obligación de parar este bucle infernal, tenemos la obligación de tratar a nuestros hijos con todo el armor y el respeto que como seres humanos merecen. Y como niños heridos que fuímos y adultos dolidos que somos, debemos perdonar sólo a aquellos que se arrepientan de verdad del sufrimiento que nos ocasionaron cuando éramos débiles y nos tenían entre sus manos.
Yo ya no soy víctima, ni me siento víctima. Ahora soy libre y me siento libre. Todo el amor que necesito me lo da el Universo y la Tierra. Ya no mendigo amor a ningún padre ni madre terrestre, porque son incapaces de darlo y el gasto energético de pedir algo que nunca obtendrás no merece la pena. Te animo a que hagas lo mismo. Tú vales mucho. Eres un ser único e irrepetible y mereces todo el amor y toda la energía curativa del Universo.